Hoy nos reunimos para conmemorar la figura de
uno de los más grandes héroes de nuestra historia:
el General José de San Martín. Un hombre que, con
una determinación inquebrantable, dedicó su vida a
la lucha por la independencia de nuestro
continente, con una visión que iba más allá de las
fronteras de una sola nación.
San Martín no solo fue un militar brillante, sino
también un estratega político que entendió que la
verdadera libertad no se limita a la independencia
de una nación, sino que debe ser una lucha
constante por la justicia, la igualdad y la dignidad
de los pueblos. En su tiempo, el enemigo era la
opresión colonial, hoy, aunque en otro contexto,
seguimos enfrentando fuerzas que buscan
mantenernos sometidos a estructuras de poder que
perpetúan la desigualdad y la explotación.
En su carta a O'Higgins, San Martín dejó en claro
que “la humanidad debe esperar todo lo bueno de
la unión de sus hijos, y nada de la división de sus
intereses”. Esta frase, escrita hace casi dos siglos,
sigue siendo un llamado urgente a la unidad entre
los pueblos, a la construcción de una sociedad más
justa y solidaria, donde el bienestar de unos pocos
no se sustente sobre el sufrimiento de la mayoría.
San Martín nos enseñó que la lucha por la
emancipación no puede darse sin el pueblo. Él
soñaba con una América Latina libre y unida, un
continente donde sus integrantes fueran dueños de
su propio destino. Su vida es un recordatorio de
que la verdadera independencia no es solo política,
sino también social y económica.
Es fundamental recordar que San Martín no luchó
solo. Su gesta libertadora fue posible gracias a la
organización y el sacrificio de miles de hombres y
mujeres que creyeron en su causa. Desde los
soldados que cruzaron los Andes, hasta los
pueblos que lo apoyaron en su travesía, todos ellos
forman parte de esa epopeya que transformó
nuestro continente. Y es precisamente esa unidad,
esa conciencia colectiva, esa comunidad
organizada lo que permitió que sus sueños de
libertad se convirtieran en realidad.
Francisco nos enseña que la verdadera grandeza
radica en el servicio, San Martín, con humildad y
entrega, demostró que un líder no busca poder,
sino el bienestar de su pueblo.
En este 17 de agosto, recordemos al San Martín que
no solo liberó países, sino que también sembró
ideas de libertad y justicia que aún hoy florecen en
nuestras luchas. Sigamos su ejemplo de
compromiso con el pueblo, de entrega a una causa
mayor y de convicción en que otro mundo es
posible.
Que la memoria de San Martín nos inspire a seguir
organizándonos, resistiendo y construyendo la
sociedad que soñamos. Una sociedad donde la
libertad, la igualdad y la justicia no sean solo
palabras, sino realidades palpables para todos y
todas.